Mezcla de colombiana, española y galesa, por parte de su mamá, y neoyorquina, francesa e italiana, por parte de su papá, pero nacida en Nueva York, es una Capricornio creativa, pelietas y con sentido del humor, que se pasa la vida persiguiendo metas y apenas logra una, ya tiene tres más. Nunca está satisfecha y es muy obsesiva, por eso todavía se mete a una piscina y nada como alma que lleva el diablo, mirando el reloj y contabilizando los segundos, como en los años en que competía.

De niña era furiosa, independiente pero no asocial, le gustaba leer y todavía extraña un cuento navideño ruso que no ha vuelto a encontrar.

Contagiada por la vena de su abuelo, el poeta mexicano Gilberto Owen, adora la poesía y es supercrítica, desprecia los facilismos y valora lo que sugiere mucho con poco. De ahí que volcó en imágenes Las Estaciones del alma, del poeta norteamericano Allen Tate.

A los 15 años ya quería ser artista. Cuando salió del Nueva Granada viajó a Providence y estudió Diseño Industrial en Rhode Island School of Design, y también Arquitectura, Cine, Escultura y Fotografía. Allí aprendió la metodología del trabajo, la dedicación y la disciplina que requiere un artista para tener éxito produciendo sus obras, pero ni idea de cómo venderlas.

Se fue a Italia, estudió Grabado y Restauración de Pintura, pero como trataron de retenerla viendo sus dotes de dibujante y a ella basta que le juren amor eterno para que salga corriendo, terminó el curso y volvió a Nueva York. Luego se la pasó de un lado a otro detrás de hombres distintos, con la única certeza de que el amor es la mejor disculpa para viajar, aunque los romances no perduren.

Después de un matrimonio corto y sufrido, sacó su posgrado en Artes Plásticas; en Hunter College of the City University of New York, y ya con otro nivel de cuestionamiento y la formación para ser el mejor crítico de su propia obra, abandonó los pinceles.

Buscó algo más impactante, inmediato y envolvente, explotando su descubrimiento de hacer fotos partiendo de otra base distinta a la tradicional. A manera de sánduche insertó entre dos hojas de acrílico unas imágenes del cuerpo, que en realidad son unos acetatos que metió por una fotocopiadora y fue fotocopiando por pedazos: el seno, el pie, la mano, el pelo, el ombligo, como una deconstrucción del cuerpo femenino.

En 1993 armó una instalación; Segunda piel, en MFA Gallery de Nueva York, donde colgó los retazos de cuerpo en tonos verdosos, lechosos, muy impresionantes, creando un efecto impactante e incómodo, que generaba una experiencia inmediata muy golpeante, frente a las mismas imágenes fotografiadas en sepia. 

COLECCIONES

Flash, The Americas Collection:
Coral Gables, Florida

Copyright © 2009 Lorenza Panero. Todos los derechos reservados